sábado, 18 de marzo de 2017

Introducción al siglo XV

El siglo XV duró desde las 00:00 horas del 1 de enero del año 1401 hasta las 24:00 horas del 31 de diciembre del año 1500. En Europa occidental este siglo tiene seis características principales que lo diferencian claramente de los siglos anteriores, es decir, de la Edad Media. Formalmente el siglo XV pertenece, o casi en su totalidad (terminaría en 1492) o en su primera mitad (terminaría en 1453) a la época medieval, pero este siglo es muy diferente a los anteriores. Sus principales características son:
  1. Descubrimientos geográficos, realizados principalmente por Portugal primero y por España después.
  2. Una revolución de las artes que trata de volver a la Antigüedad clásica, con preferencia de la romana sobre la griega. Es el llamado Renacimiento, que se dio primero en el norte de Italia, y después en el norte de Europa.
  3. Un fuerte crecimiento del comercio, y también de servicios anexos como la financiación del primero. Aparecen los primeros bancos y los primeros banqueros. otro servicio ineludible del comercio fue el cambio de monedas, los cambistas, muchos de los cuales terminaron convirtiéndose en banqueros.
  4. Durante la Edad Media, principalmente desde el siglo XI, se desarrolló la filosofía y teología escolásticas que, precisamente terminan en el siglo XV. Este blog no trata de filosofía, pero la escolástica era un fuerte freno a la actividad comercial y, por tanto, a todo ese mundo comercial y de descubrimientos (recordemos que los portugueses buscaban un camino alternativo al tradicional por Oriente Medio ahora bloqueado por los otomanos). En el tema comercial, la Iglesia católica buscaba limitar los beneficios que los comerciantes podían obtener con su actividad aduciendo que era inmoral cobrar cualquier tipo de interés y que los préstamos solo debían efectuarse entre privados. Los bancos, pues, no deben existir porque cobran interés. Otro tema que la escolástica debtió era el del precio justo de las cosas. Los beneficios excesivos son condenados por la Iglesia siguiendo las enseñanzas de la Biblia, pero nadie sabe fijar que precio es justo y cual no lo es. En la segunda mitad del siglo XV empieza a cambiar esta consideración sobr el dinero.
  5. La aparición de fuertes divisiones en la Iglesia Católica, que dieron lugar al Gran Cisma que no duró muchos años y a la aparición del protestantismo en el siglo XVI.
  6. La aparición de los estados nacionales (estado-nación) tal como los conocemos ahora. El mapa político de Europa, aunque sufrió grandes cambios durante los siglos venideros, empieza a configurarse en este. Sin embargo, en Alemania e Italia este proceso no se consolida hasta la unidad de ambos países a fines del siglo XIX, el primero en 1871 tras la guerra franco-prusiana, y el segundo en 1870. Los primeros grandes estado-nación fueron cuatro: Portugal, España, Francia e Inglaterra. En ocasiones esta unidad nacional no implicaba una centralización del poder, tal como ocurrió en España durante la dinastía de los Austrias pero ya en el siglo XVI. 

Referente al punto 3, en el siglo XV se instituyeron muchas de las bases que dio lugar al llamado milagro europeo o Gran Divergencia, que se daría en el siglo XVIII y siguientes. También se sientan algunas de la bases del capitalismo que aparecería sobre todo a fines del dieciocho. Por ejemplo, el transporte marítimo con fines comerciales necesitaba de grandes capitales, que en aquella época solo unos pocos podían acceder a ellos. Frente a la alternativa de pedir préstamos, alternativa que empezaba entonces, también se hizo uso de la unión de varios capitales para arrendar (o comprar) un barco y adquirir las mercancías para realizar la actividad mercantil misma. Entonces en este siglo se desarrolló no solo la actividad financiera sino también la sociedades de capitales.
También aparece por primera vez un espíritu innovador, con la aparición de inventos como la imprenta de tipos móviles, creada por Johannes Gutenberg.
Los portugueses dieron inicio a la era de los descubrimientos y las grandes exploraciones. Como Portugal no tiene fachada mediterránea, y no podía expandirse hacia el norte porque hubieran chocado con Inglaterra, ni hacia el oeste porque consideraban esta una opción muy arriesgada (aún así descubrieron y colonizaron las Madeira y las Azores), lo intentaron con el último punto cardinal que les quedaba, el sur. A partir de 1415 y bajo el patrocinio financiero del infante don Enrique el Navegante, se inició la navegación y exploración de la costa africana del Atlántico. Empezó con la conquista de la ciudad de Ceuta el 21 de agosto de 1415. Al principio las motivaciones eran la adquisición de trigo, oro y esclavos, pero a partir del bloqueo por el Imperio Otomano de la ruta de la seda y las especias en 1453 con la conquista de Constantinopla, la principal motivación fue la búsqueda de una ruta alternativa rodeando el sur del continente africano. En 1488, Bartolomé Díaz pasa el Cabo de Buena Esperanza en el extremo meridional de África, descubriendo así la conexión entre los océanos Atlántico e Índico. Es impresionante la cantidad de sitios a los que llegaron entre 1415 y 1543, como se puede ver en este mapa-mundi, y que van desde la penísnsula del Labrador (actualmente Canadá) en 1498/99 en el extremo occidental hasta Tanegashima (Japón) en 1542. En el año 1500 los portugueses llegaron a lo que hoy es Brasil con Pedro Álvares Cabral.
En 1492 llega el turno de los castellanos con Cristobal Colón y el descubrimiento de América. Castilla inició su conquista atlántica con las Islas Canarias en 1402, pero su punto más culminante fue el descubrimiento de América en 1492. Los castellanos hicieron lo que los portugueses no se atrevieron, cruzar el Océano Atlántico. En el mismo año se completa la Reconquista española con la conquista del Reino nazarí de Granada. En el mismo año se expulsa a los judíos de España. El 7 de junio de 1494 se firma el Tratado de Tordesillas por el que España y Portugal se reparten el mundo fuera de Europa.
En el caso de ambos países, el descubrimiento y la conquista de nuevos terrirorios continuó en el siglo XVI, pero ya en competencia con otros países como Francia, Inglaterra y Holanda.
Antes incluso de la desaparición de los árabes de Europa por el suroeste (la reconquista española que terminó en 1492), otro poder musulmán apareció por el sureste, el Imperio Otomano. En 1354 el ejército dirigido por Soliman Bajá conquista la península de Gallípoli, primer territorio europeo en ser conquistado por los turcos. La caída de Constantinopla en manos de los otomanos se produjo el 29 de mayo de 1453, año en que muchos historiadores sitúan el fin de la Edad Media. Lo que si es seguro que marcó el fin del Imperio Bizantino, que duró unos mil años. Los otomanos pretendían conquistar toda Europa, y consideraron imprescindible conquistar Viena para establecer una base logística para continuar su labor de conquista. Asediaron la ciudad en 1529, pero se tuvieron que retirar. El segundo asedio se resolvió con la batalla de Kahlenberg en 1683.  A partir de la muerte del sultán Solimán el Magnífico en 1566, empezó la decadencia del Imperio Otomano que terminó con el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918.
El 17 de octubre de 1453 termina la guerra de los Cien Años, que había empezado en el siglo anterior, exactamente el 1 de enero de 1337. Se produjo entre los reinos de Inglaterra y Francia para resolver que estado se quedaba con las numerosas posesiones inglesas en territorio francés. Los ingleses se retiraron de todas sus posesiones francesas, quedando el territorio francés más o menos como en la actualidad.
Tras la derrota inglesa de 1453, los ingleses solo tuvieron dos años de paz, pues en 1455 empezó la guerra de las Dos Rosas entre la Casa de Lancaster y la Casa de York. La guerra de las Dos Rosas provocó la extinción de los Plantagenet y debilitó enormemente las filas de la nobleza, además de generar gran descontento social. Este período marcó el declive de la influencia inglesa en el continente europeo y el debilitamiento de los poderes feudales de los nobles. En contrapartida, se produjo el aumento de la influencia de los comerciantes y de la monarquía centralizada bajo la Casa de los Tudor. Esta guerra señala el fin de la Edad Media inglesa y el comienzo del Renacimiento.
En el siglo XIV empezaron a aparecer disensiones en el seno de la Iglesia católica. La razón fundamental es que los distintos papas de aquella época deseaban intervenir en los asuntos terrenales (plenitudo potestatis) tanto como en los espirituales y, por supuesto, chocaban con los gobernantes de otros países. El Gran Cisma o Cisma de Aviñón comienza con un tema de impuestos. Felipe IV de Francia, también llamado Felipe el Hermoso, el Rey Mármol o el Rey de Hierro, quiso cobrar impuestos a los clérigos y el papa de entonces, Bonifacio VIII, elegido en 1294 y probablemente tan terco como el rey francés, lo prohibió bajo pena de excomunión. La excomunión es un apartamiento temporal o permanente de la confesión católica. Tal como se lee aquí, es objeto de la excomunión "ciertos pecados particularmente graves...", pero el hecho de cobrar impuestos a la Iglesia no puede ser considerado, en nigún caso, un pecado. El terco de Felipe IV no podía quedarse sin hacer nada ante este desafío, y en 1301 mandó detener al obispo de Pamiers por un supuesto conflicto jurisdiccional, pero la razón fundamental era que el rey quería obtener del papa el reconocimiento de que el rey tenía jurisdicción suprema sobre todos sus subditos, incluidos los obispos y cardenales franceses, o lo que es lo mismo, la superioridad del rey sobre el papa en el interior de su reino. El papa emite una bula llamada Asculta fili en la que asegura en la que reprueba la actitud del rey. En una escalada de acontecimientos contínua, Bonifacio llama a los obispos franceses a un sínodo en Roma el 1 denoviembre de 1302 para definir quién manda en la Cristiandad y para juzgar al rey francés por sus abusos contra la Iglesia. Felipe acusa al rey de herejía y Bonifacio promulga la bula Unam Sanctam en la que se mantiene que los dos poderes, el espiritual y el temporal (leáse eclesiástico y seglar) pertenecen ambos a la Iglesia. Los reyes no pueden hacer uso del poder temporal "más que por la Iglesia, según la orden y el permiso del Papa". Toda una declaración de guerra.
Sobre la base de ese dominio universal del Papa, el rey francés debía ser excomulgado el 8 de septiembre de 1303 en la residencia papal de la ciudad de Anagni a 50 km de Roma, y sus súbditos declarados exentos del juramento de fidelidad al rey (esto atenía sobre todo a los clérigos franceses). Sin embargo, Sciarra Colonna detuvo e hizo preso al Papa Bonifacio VIII, pero a los pocos días los habitantes de la ciudad lo liberaron por temor a las consecuencias que podrían recaer sobre ellos. Era la primera vez  en la historia que un papa es detenido y arrestado.
Tras un breve papado de Benedicto XI (papa de 1303 a 1304), un papa muchos más conciliador que su predecesor, el que armó el lío de los dos papados simultáneos fue su sucesor, Clemente V, un clérigo francés. El cónclave que lo eligió Papa duró once meses debido a las disputas entre los obispos partidarios y los contrarios a la política de Bonifacio VIII. Se hizo coronar papa en Lyon en vez de Roma y a la ceremonia asistió el rey francés Enrique IV. Su primer acto fue la coronación de nueve cardenales franceses afines al rey de Francia y anuló las sentencias eclesiásticas que Bonifacio VIII había tomado contra el rey. Y la medida que formalmente desató el Gran Cisma fue el traslado de la sede papal a la ciudad de Aviñón en 1309, que entonces, como la ya mencionada Lyon, no pertenecía a Francia sino al Imperio Romano Germánico. En Roma se declararon nuevos papas, y esta plelea de las sedes papales duró desde 1309 hasta 1437, debido a la cerrazón de ambas partes en conflicto.
Pero lo más importante de este conflicto es que desde el momento en que se detiene a Bonifacio VIII en Anagni, aunque solo fuera por unos pocos días, parece que se abrió la veda, por decirlo así, para disentir de la Iglesia católica. En ciertos países se hizo una crítica muy feroz contra la venta de indulgencias. Y también aparecieron hombres de iglesia como disidentes de las directrices papales y, por último, aparecieron los protestantes. A causa del luteranismo y de la cerrazón de los bandos católico y protestante, se produjeron las guerras de religión en Europa a partir del siglo XVI, que ocasionó, además de la muerte de muchas personas, la destrucción de pueblos, cosechas y animales y un grave daño a la economía. Pero los primeros disidentes fueron Juan Wiclef (1320-1384), Pedro Valdo (1140?-1205/7; sus seguidores, los pobres de Lyon, crearon el movimiento denominado valdense)  y Juan Hus (1370-1415). Los seguidores del tercero crearon un movimiento llamado husismo, que desembocó en las guerras husitas. Los tres fueron precursores de Martín Lutero y el protestantismo.